domingo, 17 de noviembre de 2013

Blue Jasmine

Corrían los años 80, años de experimentación en la música, el cine y las artes en general. Años en los que los artistas podían surgir de la nada, explotar y desvanecerse al igual que una estrella fugaz al rozar la atmósfera terrestre. Sólo las claves permanecerían en el recuerdo y serían los elegidos para ser recordados. Woody Allen tenía el puesto asegurado. Él siempre fue diferente, polifacético, introvertido y extravagante. Podía sorprender con una comedia absurda o un drama de conversaciones existencialistas sobre la percepción del ser humano en la sociedad... A pesar de ser un gran humorista y músico, puede que la obra que le lanzara a la posteridad fuera Manhattan -obra diferente, cuanto menos-, un drama que odié la primera vez que lo vi, pero al que se aprende a amar poco a poco. Destacado por escribir y dirigir sus obras, parece ser un pozo sin fondo de historias del cual nos sentimos orgullosos por aportarnos al menos una creación al año desde principios de los 80, una promesa bastante vieja, que llevo años secundando con mi asistencia a las salas de cine.


Los saltos entre historias que salen de esta cabeza tan especial confrontan tradiciones, ciudades, estados de ánimo y clases sociales, encontrando en ocasiones algunos trabajos de menor calidad que sirven de aperitivo para obras como Blue Jasmine. Desde 'Match Point' (2005) no veíamos una película tan sencilla en su apariencia y trascendental en su efecto al mismo tiempo. 'Midnight in Paris' (2011) fue una gran obra gracias a su imaginación y la forma de tratar un aspecto de la ciudad que enamora, pero 'Blue Jasmine' da un vuelco ante las últimas obras para crear una fría comedia dramática surgida de aspectos sociales no tan ajenos a la actualidad, enmarcada en el ámbito de una neoyorquina que debe viajar de la ciudad de ensueño a San Francisco, una ciudad altamente trabajadora y sencilla, con una apariencia que recuerda a los aspectos europeos de otras obras del director.



El cinismo y clasicismo de una alta sociedad irritante queda plasmado en un macabro retrato de hipocresía y fatal egoísmo elevado extremos por una actriz que cada día sorprende más. Cate Blanchett forma una personalidad como pocas veces había sido vista gracias a una de las mejores interpretaciones que le hayamos disfrutado en su cine. El resto del reparto cumple con sus intenciones, pero ella consigue que el peso de la película recaiga sobre sus tacones y se mantenga al ritmo de 'Blue Moon' sin tropezar en el intento.

La película acaba adquiriendo un gran valor al aunar la reinvención del personaje con su propio intento de copia, formando situaciones satíricas que ponen en entre dicho las apariencias y las máscaras que cubren a una alta sociedad sin escrúpulos. Acabé gratamente sorprendido de lo que parecía una posible pedantada al estilo Allen y para mí se ha convertido en uno de sus cuadros más valorados.






-Carlos DL-

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