jueves, 30 de enero de 2014

A Propósito de Llewyn Davis


Los hermanos Coen son expertos en expresarlo todo sin decir demasiado, en hablar con silencios prolongados hasta la saciedad y desarrollar historias brutales con una pasividad aplastante, en quedarse con el público con escenas que dejan sin aliento y en aportar la sensación de que no se despeinan demasiado en hacer sus películas, referenciadas tanto por su precisión como en ocasiones por su frialdad. Son unos hermanos peculiares, sus trabajos pueden ser idolatrados o detestados a partes iguales, pero nos han dejado películas para el recuerdo y pocos se aventurarían a negarlo. Con su última obra han conseguido un retrato de no sólo músicos en la incertidumbre de su carrera en la cuerda floja, si no también de ilusos o ilusionados que pensaban cambiar el mundo o hacerse un hueco más amplio en él cuando corrían los años 60 y todo parecía posible.



Inside Llewyn Davis se enmarca como una película redonda en un estilo de odisea moderna pero sincera de un soñador con una ilusión, la de vivir de su pasión, vivir de la música, por y para ella. La película avanza de sofá en sofá hacia la decadencia o el fulgor de la confianza propia de Llewyn, sus problemas nos inundan con una aureola de incertidumbre sobre su pasado, presente y futuro. Superando cada obstáculo junto a su fiel y fortuito acompañante felino descubrimos cada detalle de este discreto pero afable protagonista, en el que Oscar Isaac se deja la piel y la voz para mostrarnos uno de los mejores personajes creados por los hermanos Coen, cuyo corazón y valor es aportado en dosis exactas gracias a conversaciones con secundarios de lujo. Cabe destacar a una Carey Mulligan tan delicada y espléndida como siempre (volviendo a demostrar el valor de su voz al igual que hizo en 'Shame'), así como al John Goodman que tanto nos gusta ver, a pesar de que su personaje sea algo decrépito y pedante.



Tras un intenso viaje de escasos días junto a Llewyn descubrimos todo aquello que queríamos saber de él, en algo más de hora y media nos hemos adentrado en una película con una fuerza inimaginable gracias a su desarrollo, gracias a cada barrera superada. Tan amarga y nostálgica como irresistible, consiguen herizar nuestra piel en más de una escena, sea con la guitarra en la mano o no. Este enigmático y maravilloso film se ha convertido en homenaje a la música folk, a una época entera, pero también en un homenaje al público, creado para hipnotizar y hacer disfrutar gracias a su carisma. En cuanto termine de escribir esto estaré cogiendo mi guitarra y encendiendo el tocadiscos.
  

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