miércoles, 29 de enero de 2014

El Lobo de Wall Street


Creanme cuando digo que se me hace difícil hablar de una película de Scorsese, siendo que para mí es una especie de genio de la lámpara que consiguió crear películas de ensueño para hacernos disfrutar una y otra vez como si nosotros se lo hubieramos pedido por favor. Pero el tio Martin ha vuelto al oficio, y lo ha hecho por la puerta grande, sin mirar el bolsillo y para darse un festín sin pausa. Lógicamente, somos incapaces de faltar a una cita con este maestro, la pregunta es si nos convertiremos en un lobo contra él o volveremos a creernos lo que nos vende tan bien.

El Lobo de Wall Street es una de las mayores gamberradas que se puedan ver en el cine o, para ser más exactos, es la gamberrada mejor dirigida y más derrochadora con la que puedas cruzarte. El ritmo de la película parece imparable cuando un irreconocible Matthew McConaughey vuelve a demostrarnos que estaba harto de que le encasillaran en comedias románticas de tarde de domingo, su personaje introduce a Jordan Belfort en el mundo de los brokers sin escrúpulos ni límites, y lo hace bajo todas las consecuencias. En una fantástica escena de apenas 10 minutos, Scorsese coge aliento para una de los mayores sprints que haya dado en su carrera, un sprint de tres horas donde el efecto túnel domina el comienzo de la película, las drogas acompañan ese complejo de realidad sin límites y sin darnos cuenta se nos ha ido buena parte viendo stripers, fiestas, drogas, barcos, más drogas, más stripers y a un hombre inteligente, pero sin demasiada moral, subir como los cohetes antes de un encierro de San Fermin.

Nos convencen de la calidad de la película a carcajada limpia, nos mantienen atentos con contínuos excesos, detalles surrealistas que disfrutamos en proporción a lo absurdos que son, improvisaciones contínuas surgidas de un rodaje en el que más de uno desearía haber participado y alguna escena para enmarcar. Así, el efecto tunel aumenta olvidándose del resto, olvidándose incluso de los espectadores, hasta que una mirada atrás les recuerda que han avanzado solos por culpa de alguna pastilla para el dolor de espalda. Lanzaron los cohetes, empezaron a correr, pero los toros aún no habían salido. Llegados a ese momento, buena parte de la película había pasado y ya empezaba a oler a chamusquina, la cortina de humo que crean con tanta facilidad esconde las carencias de un guión que no busca más que la ostentosidad de la indecencia que acompaña a las cantidades de dinero que aparecen en la película. El festín continúa pero se emborracha de sí mismo.
 
Nos venden un bolígrafo, una moto, un yate y lo que haga falta. Por no hablar de que nos venden una película entera; cada uno de sus minutos durante 180, cada sengundo durante 10800, y así sus cifras aumentan. Ahora bien, ¿cómo lo venden? Todo comienza publicidad abusiva por todos sitios, pero es DiCaprio y cae bien, sin problemas. Una vez te han embaucado y estás en la butaca, aportan una alta dosis de energía aunque ésta acabe desprovista de un punto hacia el que avanzar, perdida tras el sprint inicial mientras se queda ansiosa, impaciente y desorientada esperando a esos toros de los que hablabamos, disfrazados de agentes dispuestos a darle sentido a algo en ella, cuando poco pueden hacer salvo crear una de las mejores escenas con una tranquila conversación en barco. Pero recuerda, esto es una comedia, y siempre habrá una gran escena para solucionarlo, algo de agradecer. Por suerte, cuando llegas al final del circo te das cuenta de cual fué su propósito; te hicieron creer que necesitabas verla y ahora te han hecho disfrutar más de una parte, por lo que no puedes quejarte. El Lobo ha vendido, El Lobo ha vencido.


Ese sentimiento que me recuerda lo que es ser defraudado por una película, también me recuerda que éstas no son más que ilusiones y que, dejandote llevar por esta ilusión en concreto, podrás reír como nunca habías hecho con Scorsese y disfrutar de una grandísima actuación de Leonardo DiCaprio -magnífico aunque sature la pantalla- en un peculiar papel de lobo solitario y sin escrúpulos en busca de una cima personal sin importar algo más que su miembro viril y su codicia, acompañado siempre de su fiel e hilirante escudero Jonah Hill y los mundos de colorines que recorren de la mano o en coche, si es que pueden subir a ellos, bajo los efectos de su automedicación y la necesidad imperiosa de seguir estafando.

Algo indudable es que El Lobo de Wall Street no tiene el guión de anteriores películas de este mago del cine como 'Casino' o 'Uno de los Nuestros', ni si quiera el guión de otras obras de esta feliz pareja (véase 'Infiltrados' o 'Shutter Island'), sencillamente no tiene guión. Pero si lo que buscas es reír y ver una orgía de locuras, conversaciones sin demasiado sentido, muchas charlas motivadoras que acaban sonando totalmente igual y cantidades de dinero que eres incapaz de calcular; esta es tu película. De premio regalan unas interpretaciones de lujo, además de más putas y más drogas. 


Podríamos pensar en ella como metáfora sobre las raíces de la crísis, una parábola que recorre la pantalla bordeando el mundo de la especulación y el timo, una comedia absurda sobre la avaricia del hombre, el eterno sueño americano y cómo el ser humano es capaz de crear su propio futuro, incluso podríamos hablar de una obra creada para reírse de la verdadera miseria moral de su protagonista, pero no es así por desgracia. No ahonda en ningún aspecto en concreto, simplemente se deja llevar para gozarla en un sin sentido que busca entretener. En realidad acabamos pensando en ella como una película creada para que director y actor puedan lucirse en la fanfarronería y la hipocresía de un falso soñador, centrada en su propio gusto y disfrute en el cual muchos le acompañarán. A otros simplemente nos la venderán y aceptaremos resignados, tras saborear una agridulce comedia tan alocada y divertida en tantísimos momentos, como perdida en sí misma. 



 

2 comentarios:

  1. La verdad es que tiene sus partes graciosas y es impresionante todo el despilfarro de dinero que hay, pero la película me decepcionó un poco, a veces me resultaba hasta aburrida, con escenas prescindibles. Aún así la disfrute mucho, excepto por la presión que tuve en la vejiga durante los ultimos 30 minutos jajajajaja

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    1. Yo creo que crea una especie de sensación que intenta que te dejes llevar para colarte lo mismo durante 3 horas, no sólo a tu vejiga le sobraron 30 minutos jeje Gracias por el comentario!

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