martes, 4 de febrero de 2014

La Gran Estafa Americana

El título en esta ocasión, es bastante acertado. David O. Russell vuelve a colárnosla como nadie para presentarse en la gala de los Oscar con nada menos que 10 nominaciones gracias a una película que se tambalea entre el drama insípido y la comedia forzada, realizando un esfuerzo titánico para no caer en ninguna de las dos. Al igual que en su anterior película ('El Lado Bueno de las Cosas',  2012),  el ritmo impregnado al principio parece que será el dotonante de toda la película pero esto no es más que la estafa de la que habla el título. Una comedia sencilla, que cubre una buena sátira sobre la especulación, el tráfico de influencias y la desvergonzada sociedad americana de los años 70, pero que no explota sus posibilidades quizá para conseguir una mayor aceptación con un trabajo más superfluo, ligero y rentable.

Las voces en off de sus personajes principales construyen sus imágenes en primera y tercera persona. No sólo los peluquines y maquillajes despampanantes son los culpables de una sensación de soltura económica, si no también aquello que los propios personajes están convencidos ser, aquellas imágenes pomposas que crean sobre sí mismo y se nos ponen en bandeja en forma de autoparodia. El castillo de ostentosidad aumenta en la tierra de las oportunidades cuando políticos y estafadores de pacotilla comienzan a juguetear con el azar y el FBI -cada cual más peligroso- para hilar una trama que no va más allá del propio entretenimiento durante más de dos horas algo agotadoras y repetitivas entorno a una premisa demasiado escueta desde el principio.

Aquella ostentación que la hace atractiva es lo mismo que la condena. Y no es que el resultado sea malo, al contrario, gustará como distracción y puede hasta enamorar a más de uno por su simpatía. Al fin y al cabo, esa parece ser su motivación, convertirse en un engaño camuflado de comedia negra, resultona y simpática hasta arrastrar tu rostro hacia una mueca de desigualdad complementada con un pulgar hacia arriba en tu mano cuando descubres el pastel cuando aún parecía estar crudo, a pesar de su largo horneado.


El casting es de lo mejor que podían reunir para algo así y se convierten en un peso esencial. Aunque no sólo los actores forman un papel imprescindible; la extravagancia y la exageración son premisas a cada instante. Todos y cada uno de los personajes son conscientes de ello, cumplen con sus propósito y se convierte, junto a la música, en los principales reclamos de esta película. Porque casi se me olvida mencionar la música, pero es prácticamente lo que más disfruté. Sinceramente, muy acertada, me encantó. Es más, podría llegar a afirmar que me gustó casi más que el festival del escotes que no paran de aparecer en la película, por eso no me quejaré nunca. Si lo que querían era mostrarnos el 'alma' de las féminas que aparecen, casi lo consiguen.



Así es cómo lo consiguen; consiguen hacernos partícipes de la estafa suplantando sus carencias con actuaciones llamativas, una música que escucharé más de un día en mi casa y un ovillo dorado de hilo de la más alta calidad para dar los pespuntes a una película que puede recordar a grandes obras pero que no sorprende más allá de alguna escena en la que un cameo se come la pantalla tras unas gafas de sol.


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