miércoles, 12 de febrero de 2014

Nebraska

Quizá sea la misma sensación de quietud que trasmite la película, la que nos sobrecoge y enamora, la que nos hace cuestionarnos donde se encuentra el límite -si es que alguna vez lo hubo- entre la comedia y el drama. Nebraska es la última y arriesgada propuesta de Alexander Payne, dispuesto a sorprender más con el colorido de cada uno de los personajes que se dibujan a las mil maravillas en la pantalla que con el propio color grisáceo de la imagen. Esto es algo llamativo; el blanco y negro aporta un punto artístico que va acompañado de una música que nos ayuda a imaginar el colorido de cada poderoso atardecer sobre campos áridos del paisaje norteamericano que ejerce de transición y reflexión entre las conversaciones de un padre y un hijo en busca de una aventura. Una mezcla fantástica entre la sincera amarga diversión del retrato de la américa más profunda al estilo 'Fargo' y la delicada poesía del road movie con una meta definida a la vez que difusa como ya se nos había mostrado por David Lynch en una de sus obras más peculiares (quizá por alejarse de su estilo habitual) como es 'A Straight Story'. 

La meta de este camino no es más que una guinda prescindible cuando el verdadero paste es el trayecto; tan sincero y rudo como ameno, en este caso. Todo en ella puede parecer débil y sin demasiado sustento, pero la mirada intensa hacia su protagonista nos muestra una vida que pedía a gritos salir de la rutina y lo cotidiano. Al encontrar su ticket dorado encuentra su libertad y transforma su vida en una película necesaria para él y para aquellos que ven el film. En ese camino, Bruce Dern hace propio un personaje que no parece interpretar, si no que parece ser él mismo. Su interpretación es de lo mejor de la temporada. Aunque estoy seguro que culpa de ello la tienen aquellos que le acompañan en su viaje y a los que se cruza por el camino, papeles menos importantes en la película que sustentan la historia del protagonista y nos ayudan a conocer más de él entre sarcasmos y alguna situación comprometida.


'Nebraska' es una película igual de bella por sus matices hilarantes, que por cada fragmento triste y decadente que aparece en ella en su ejercicio hacia el recuerdo. Es refrescante por la facilidad con la que se deja ver, a la vez que chocante por lo que se nos cuenta mientras se nos escapa una sonrisa. Igual de relajante que las gotas de lluvia repiqueteando contra el cristal a pesar de saber que en el fondo del asunto se esconde una tormenta. El conjunto final queda como una propuesta clara y firme -al igual que su genial póster- que consigue evadirnos e invitarnos a montar en una furgoneta hacia ningún sitio.






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