miércoles, 26 de marzo de 2014

Ocho Apellidos Vascos

Hola, soy manchego. Pero además, soy del corazón de La Mancha, de la cuna del Quijote, mi pueblo guarda en su historia la partida de nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra. Sumado a eso, debo decir que estoy rodeado de 'bacines', me encantan los molinos -aunque en ocasiones sean gigantes-, en Agosto se recoge melón, en Septiembre se vendimia, los inviernos son de atarse el brasero debajo del refajo y somos más bastos que tomarse un bocata de cepas, apoyado en la rueda de un John Deere con una puesta de sol que intenta imitar el color burdeos de un vino peleón de bodega. Tópicos típicos, llevados al niveles en los que no sirven más que para crear una amable caricatura de la tradición de una tierra. 'Ocho Apellidos Vascos' no es más que una recopilación de tópicos típico -o típicos tópicos- que en ningún momento intenta menospreciar a nadie, ni reírse a costa de nadie, ni crear polémica de nada. Está claro que si buscas todo eso lo vas a encontrar, pero si no sabemos reírnos de unos mismos, ¿de quién lo vamos a hacer si no? Como decía, estoy en una posición central y esta batalla de acentos y costumbres me ha hecho disfrutar momentos con puntos que llevan al extremo ideas aferradas a todos sobre diferentes lugares de nuestro país. En ese sentido, es bastante efectiva, nadie sale perjudicado de un humor sano y divertido. La primera insignia de la cinta se basa en la naturaleza prejuiciosa de sus personajes y no vamos a engañarnos, eso aún parece deporte nacional en muchas ocasiones.

Esto nos lleva a un punto en el que los gags cómicos comienzan a seguirse sin descanso -tras el empujón de los protagonistas de 'El Mundo Es Nuestro'- bajo la batuta de un Dani Rovira en estado de gracia, y nunca mejor dicho. El humorista inicia una posible carrera en el cine que puede alegrar a más de uno y es que sabe suplir unas dotes actorales bastante limitadas con su gracia natural y su carisma, consiguiendo divertir, dejando totalmente de lado a Clara Lago, cuyo personaje no termina de convencer. Algo parecido ocurre con Carmen Machi que, aunque encantadora, no pasa a mayores en ningún punto y queda oculta tras la sombra de un gran Karra Elejalde quien se convierte en este caso en el mejor aliciente para disfrutar de la película. Su personaje escenifica una caricatura de los tópicos vascos, con un toque amable y divertido. Fantástico, Karra

Aun así, esta sucesión de clichés llega a un punto sin retorno en el que el equipo de dirección no sabe muy bien hacia donde avanzar -ni si quiera cómo hacerlo o cómo mostrarlo- y comienza a caer en la rutina, comienza a abandonar su idea de crear algo diferente y comienza a mostrarnos las ñoñerías que nos estaban ocultando. Llegados a este punto, los golpes de humor pierden la efectividad inicial y comienzas a desear que la película no se exceda mucho más, a fin de cuentas, tampoco lo estabas pasando tan mal.


Se conforma finalmente como una curiosa variedad de tradiciones y culturas diferentes, aunque también lo hace como una mezcla de métodos de hacer cine adecuados y otros demasiado perezosos. Su forma de abalanzarse al humor por igual sobre cortijos o gaztetxes nos hace disfrutar de un humor fresco, en cambio, su estructura formal como comedia romántica al uso, con una dirección de película de sobremesa, desaprovecha alguna actuación de lujo. Cosas en ambas direcciones y sentidos, pero con un resultado aceptable, sin más. Algunos la detestarán y otros caerán rendidos. Yo, sinceramente, no me arrepiento de haber pagado la entrada del cine, algo que hoy en día puede doler mucho si uno no sale convencido.
 


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