viernes, 18 de abril de 2014

Afternoon delight

Sólo me vino a la cabeza una frase cuando terminé de ver esta.... cómo llamarlo... esto que "taca" y a la basura... esto que es como que ves una película pero no.... esto que te hace pensar que te cuenta algo pero no... esto en lo que los personajes no tiene estructura alguna y las escenas son tan inútiles que salpican desechos de guión a cada instante... Bueno, si, la frase que me vino a la cabeza cuando terminé de ver 'Afternoon Delight' viene de 'El Gran Lebowski' y dice algo como:

"Algunas veces te comes al oso,
y otras veces te come él a ti"

¿Por qué esa frase? Porque si hablamos de cine independiente, en muchas ocasiones hablamos de tomar riesgos a la hora de elegir cosas que poca gente ve, hablamos de encontrarnos con cosas fantásticas en las que no podíamos depositar demasiadas esperanzas y acaban sorprendiendo, pero también hablamos de la posibilidad de dar con una película en la que la mayor aspiración de su protagonista es quedar bien ante una dudosa alta sociedad y tirar por tierra discursos absurdos de humildad y críticas a la hipocresía general de las personas. Eso es lo que parece esta "cosa" que dicen llamar película, en la que el mejor recurso es el de romper la estabilidad de una familia e incluso de una escuela con la creación de una amistad -no demasiado justificada- con una prostituta de lujo que acabará viviendo en su casa.


Si ya el planteamiento puede echar para atrás, la cosa no hace más que empeorar hasta llegar a un punto en el que los chistes sobre el rabo de Michael Fassbender intentan salvar conversaciones de las cuales no saben por dónde escapar los guionistas. Esta vez ni Josh Radnor se salva de la hoguera. Sus -escasos- trabajos en el cine independiente suelen destacar por algo. Conocido por 'How I Met Your Mother', Radnor necesita un gran esfuerzo para alejarse de su personaje en la serie y lo ha conseguido en películas como 'Liberal Arts' (dirigida por él mismo, reseña AQUÍ), pero en esta ocasión no se desmarca demasiado, simplemente se pasea por la pantalla al igual que el resto de actores incapaces de encontrar un lugar en situaciones tan desfiguradas como pesadas. 


Atendiendo a este cúmulo de despropósitos, terminamos deseando que no vuelvan a dejarle una cámara a Jill Soloway en mucho tiempo. Guión y dirección terminan provocándonos más de una carcajada pero no por mérito propio, sino más bien por vergüenza ajena hacia la desfachatez que muestran al vender una basura tan grande. La película cae con su propio peso a cada instante y nos hace retorcernos de dolor por haber elegido pasar una tarde viéndola. No le aconsejo esta experiencia a nadie. Esta vez me comió el oso.
 








1 comentario:

  1. Pues sí que parece un despropósito de película. Las películas independientes tienen sus riesgos, o sale una maravilla o todo lo contrario.

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