lunes, 21 de abril de 2014

NOÉ

Amigo Darren, tú siempre has sido un buen colega. 'Requiem for a Dream' fue para mí tu carta de recomendación, mientras que 'Pi: Fe en el Caos' confirmó mi asistencia a las salas a todas tus nuevas películas. Pasando por la ruda 'The Wrestler', la ilusoria 'The Fountain' y la maravillosa 'Black Swan', llegamos a tu sexta apuesta en el cine, llegamos a lo que es -según tus propias palabras- tu obra más personal y trabajada, esa que lleva comiéndote la cabeza desde que eras un niño, la que justifica todas y cada una de las obras anteriores. Obsesionado con esta historia bíblica, que apenas dura unos párrafos en el sagrado libro, nos planteas un viaje junto a Noé en el que requieres de un gran esfuerzo tanto físico como mental. Esto será el toque que inquieta tanto durante toda la película; el hecho de necesitar por igual tanto escenas de acción como planteamientos metafísicos entorno a los inicios de las religiones. Ese contraste es el principal problema de la película, o su principal reclamo, dado que el balance de los polos opuestos es lo que mantiene la armonía y logra dejar a flote este arca.


Dejaré de hablar como si alguna vez él fuera a leer esto para decir que 'Noé' representa por igual las virtudes y los defectos de Aronofsky. Las virtudes que ya conocíamos plantean viajes hacia la controversia en crítica y espectadores, paseos por los límites del gusto y la desagradable sensación que aporta un cine visceral y rompedor en planteamientos psicológicos, retornos a los sentimientos más impíos y primitivos de sus personajes, así como fragmentos de auténtica maravilla bañados en la tenue música de Clint Mansell. Sus películas se caracterizan por llevar al límite obsesiones y esta vez le ha tocado a la religión. Pero ya no sólo la fe como tal, sino lo que ella conlleva; lucha del bien y el mal, el deber, la razón o el propio sentido de los dictados. La controversia se plantea esta vez en los propios dilemas morales de Noé como partícipe de la destrucción total del mundo y su posterior repoblación. Si hablamos de polos opuestos, lo primero que podemos diferenciar en la película es la propia naturaleza del hombre. Creado a imagen y semejanza, decidió vivir en pecado, naciendo por ello fuerzas como el terror, la venganza, el deseo, el poder o la ira, que hacen del propio hombre la semilla del mal. Pero el elegido por el ser divino debe erradicarlo, entrando así en un dilema continuo en el que su familia planteará los principales temores.

Llegados a este punto -y por lo escrito hasta ahora- parece que todo es maravilla; la vuelta de Aronofsky como director con aspiraciones a cargar un culto innato con el paso de los años, pero aquí es donde surgen sus propios defectos para nutrir un posible 'ego' de director que busca una consagración con más miramientos hacia su propio ombligo que hacia su público... Aun así, y a pesar de que la película no me pareció redonda al abandonar mi butaca, si es cierto que me ha dejado pensando durante largo tiempo, algo que pocas consiguen. Eso hace plantearse mirar más allá de lo que nos muestra la propia película, pero también mirar más hacia cómo nos da a entender las cosas. Aquí es donde el director pierde el norte el parábolas de creación personal sin percatarse en la pérdida del  propio entretenimiento de un espectador que puede descolgarse de la historia en más de un punto. He ahí su gran desligez.



Siguiendo con contrastes, claroscuros y alegorías, alcanzamos un punto clave en el film, donde el blockbuster épico tan trabajado -pero sin un cierre totalmente reforzado- abandona a su suerte a un arca en el que todo está medido al detalle; desde la posición de cada animal hasta la jerarquía familiar encabezada por Noé. Aquí aparece el otro gran contraste que intenta equilibrar el arca, la acción del cine épico con la carga metafísica del dilema entre familia y creación, empatía y deber o razón y fe. Surge así la necesidad de crear un entretenimiento con elementos fantásticos con el deber del director con su cine tan personal. No determina ningún extremo pero el balance de ambos no desentona y, en lo que a mí respecta, termina convenciendo.

Convence aún más si Clint Mansell acompaña con su música este viaje, continuando un sendero de sosiego y energía que ya creó con la banda sonora de 'The Fountain', otra genialidad. Además, el director eligió a otra conocida para la historia, Jennifer Connelly es la pareja perfecta de un Russell Crowe en estado de gracia. Todos y cada uno de los personajes son interpretados con una calidad plausible, consiguiendo aportar mayor eficacia al conjunto. El halo de espiritualidad que rodea al film logra su máximo esplendor hacia la segunda mitad de la película, donde la dirección de actores cobra gran importancia y escenas como la historia de la creación nos dejan con la boca abierta, siendo ésta un película en sí misma, que bien podría funcionar como cortometraje en el que Aronofsky y Mansell dan rienda suelta a todo su potencial.



Si es verdad que, a fin de cuentas, no ha sido lo que me esperaba. Ésta vez no ha logrado entusiasmarme como lo había hecho hasta ahora, pero no me ha dejado indiferente, sino que ha logrado hacer que plantee cada minucia de la película y eso es algo magnífico en esta industria. Si al final consigue el equilibrio no quiere decir que el arca no esté cerca de volcar en algún punto. Aún así, el viaje tan épico y espiritual, e incluso reflexivo, que nos plantean logra extrañar e impresionar por igual por su análisis de planteamientos dispares y su calidad visual inigualable. El paso de los días ha hecho que la balanza se decante hacia la defensa de esta controvertida e inspiradora película, aunque no con la fuerza que lo había conseguido otras veces.







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