lunes, 30 de junio de 2014

El Sueño de Ellis (The Immigrant)

Estamos ante uno de los más bellos homenajes al cine que se ha ofrecido en este año. Un homenaje a películas de las que no se producian hace tiempo y a un estilo cinematográfico que siempre será una delicia para todo cinéfilo. El recuerdo a grandes clásicos empapa la imagen tostada de una América corrupta, amarga y sombría en cuyos cimientos yacían los sueños e ilusiones de gran parte de los inmigrantes que llegaban a ella buscando aquello imposibles en sus lugares de origen. Su melodrama se prolonga durante dos horas en las que evoca nuestros recuerdos de obras maestras como 'El Padrino' o 'Érase una vez en América' -hecho que no implica la necesidad de imitarlas para ganar nuestro aprecio-. Su desarrollo alaba la fortaleza y el valor de aquellas personas que cambiaron todo por buscar una oportunidad en la tierra de las promesas tras la Gran Guerra, demostrando a la par la cruda realidad que encontraban al llegar.



Al igual que el mismísimo Charles Chaplin había utilizado en su corto homónimo de 1917 -aunque lo hiciera con un toque cómico-, la brutalidad del viaje de Ewa hacia la tierra de las promesas, marcará su llegada y su estancia allí. Separada de su hermana Magda nada más llegar, se ve obligada a aceptar los "favores" de Bruno para salir adelante y volver a reencontrarse con su única familia. La prostitución se convertirá en su único recurso. El pecado y la vergüenza asolarán su existencia por la necesidad de recaudar dinero para el tratamiento de Magda, mientras ve cómo Bruno, aunque enamorado de ella, sigue aprovechándose de su situción. Sentimientos en conflicto, desolación de una mujer privada de sus derechos y cruel realidad.

  
Aunque el guion no permita libres interpretaciones, es capaz de atar todos los cabos y firmar una historia sensata, sencilla y efectiva, en parte gracias a los grandes actores que dan vida a sus personajes. Marion Cotillard hace gala de su versatilidad para interpretar a un personaje que se encuentra constantemente al límite, estirando la soga que sostiene Joaquin Phoenix por el otro extremo. Phoenix vuelve a desenmascarar a un personaje irritante, pretencioso, grosero e incluso grotesco, para acercarnos a su desvergonzado sentimiento de culpa tras mostrarse como un celoso enamorado. En el forcejeo, Jeremy Renner destaca como la luz en una historia oscura.


Es magnífico que los años 20 vuelvan a las pantallas cuando muchos se habían olvidado de que grandes películas surgieron ambientadas en ellos. La música, aunque discreta, acompaña la imagen de época brillante en apariencia aunque desaprensiva en efecto. La ambientación nos transporta a esos años y los personajes nos muestran su lucha. La película consigue despertar nuestra empatía; hacernos disfrutar de un viaje en el tiempo a la vez que sufrimos con ellos. Me arriesgaría a decir que es una de las mejores propuestas de lo que va de año o, al menos, una de las menos habituales.



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