jueves, 26 de junio de 2014

Transcendence

Es interesante que hayan confiado en Wally Pfister para un proyecto de estas magnitudes. Habituado a bailar bajo el son que dictaba Christopher Nolan como su director de fotografía, consigue ahora ser el creador de un nuevo proyecto que muestra un mundo distópico que no está tan alejado de la realidad como desearíamos pensar en más de un instante. Con Johhny Depp a la cabeza y cargado con secundarios de lujo, nos adentramos en una película cuyas premisas harán que cualquier persona con algo de inquietud tecnológica -o con curiosidad acerca de cómo el mundo cambia al ritmo que evoluciona la creación del hombre- disfrute de los dilemas que suponen la inteligencia artificial o la interconexión global.

Tras una serie de atentados por parte de un grupo anti-tecnológico -con smartphones en los bolsillos- que destruyen algunos de los laboratorios más importante y mata a grandes científicos de la época relacionados con el campo de la inteligencia artificial, el Dr. Will Caster se ve forzado a preservar su inteligencia en unos cuantos super-procesadores cuánticos mientras su cuerpo se desvanece en una camilla. La velocidad de procesamiento es infinitamente superior a la de una mente humana y su poder de conocimiento sería ilimitado si se conectara a la red de redes pero, si la misma inteligencia humana son impulsos eléctricos, ¿se puede transferir íntegramente a un computador o puede encontrar fallos y estos ser enmendados con invenciones del propio sistema?, ¿eso seguiría siendo la conciencia del doctor?, ¿los reflejos de sentimientos sería en verdad una persona o estaría fingiendo aquello que fue programado para fingir?



Las cuestiones planteadas presentan unas posibilidades magníficas a la hora de desarrollar un guion que termina estropeando todo lo que él mismo ha establecido con una ficción a la que podríamos llamar incluso "cercana" a nuestra realidad. Su mirada reflexiva hacia los hechos que acontecen en ella aumenta la calidad del producto mientras que los escasos instantes de efectos especiales y algunas decisiones cuestionables desvelan las pretenciosas intenciones que había tras el film. Su función como elemento que nos haga pensar más allá de las propias imágenes funciona pero sus miramientos a ser uno de los blockbusters de la temporada falla, empezando por Johnny Depp como una opción aburrida, cuya presencia no aporta más que el reclamo en taquilla. Depp debería agradecer tener a Rebecca Hall, Morgan Freeman y Cillian Murphy a su lado, a la vez que debería plantearse qué hacer cuando su personaje se sale de la excentricidad del capitán Sparrow...



Las colaboraciones de Pfister con Nolan quedan reflejadas en la trabajada fotografía o con la manera de intentar sustentar la historia con acción, pero sus intenciones quedan estancadas y lo que en un principio intenta mostrar un camino por donde dejar correr la mente para pensar, acaba intentando forzar ese pensamiento. La música de Mychael Danna crea buenos momentos, entre otros tediosos, mientras sus divagaciones entre la ética y el sentido de las nuevas tecnologías intentan ganarle la batalla al resto de aspectos que rompen la armonía que parecía llevar en un principio. La película decae con una historia que se desvanece cuando pretendía crecer con fuerza; no presenta el carisma ni el sentimiento de 'HER' (Spike Jonze, 2013) o 'Inteligencia Artificial' (S.Spielberg, 2001), ni tampoco los dilemas de 'Blade Runner' (R. Scott, 1982) como para hacer de ésta, una superproducción pionera en temas de superinteligencia o inteligencia emocional creada por el hombre. Un intento fallido, con un planteamiento más que curioso pero sin el golpe de efecto necesario para crear una película que recordar.


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