martes, 8 de julio de 2014

[Serie] - Hannibal

Aunque ya había aparecido en 1986 (interpretado por Brian Cox en 'Manhunter'), hasta 1991 no llegó realmente a las pantallas de todo el mundo uno de los personajes maquiavélicos y endemoniados que haya dado el cine. Basando el guion de la película en los libros escritos por Thomas Harris, Jonathan Demme consiguió que 'El Silencio de los Corderos' fuera la mejor presentación de Hannibal Lecter que pudiéramos tener. La película es un thriller policíaco creado con una intención que oscila entre el entretenimiento del espectador con un suspense continuo y la creación de una bestia entre nosotros mismos; una bestia culta, inteligente, elegante, lujosa y terrorífica, que daría juego para muchas más películas. Anthony Hopkins se metió en nuestras cabezas con apenas 16 minutos de metraje y nos ha hecho seguir al personaje allá donde fuera, crearan una secuela o una precuela, y fueran éstas mejores o peores...


Así mismo es como llegamos a la serie de televisión de la que hemos venido a hablar. Su guion surge de 'El Dragón Rojo', la misma novela que la fue llevada al cine por Brett Ratner, pero crea un propio hilo argumental para alejar al personaje en el mundo televisivo y el cinematográfico, a pesar de los inevitables guiños y paralelismos. Se nutre así de su propio hacer y no del legado hollywoodiense, ganando terreno a favor de la sorpresa del espectador al crear nuevos personajes o desarrollar aquellos de los que sólo conocíamos matices. Su creador, Bryan Fuller, consigue ahuyentar las dudas de los escépticos respecto a la serie -como yo mismo fui al empezar a verla-, para crear cada vez más seguidores aportando una mejora sustancial en la creación de contenidos, personajes y situaciones, así como en la manera en la que éstos están tratados.


La primera temporada se convierte en un continuo vaivén de asesinatos, sospechas y trastornos, pero lo que es más importante; presenta un guion bien estructurado en el que existen flechas en direcciones indefinidas que no intentan más que engañarnos y jugar con lo que se nos muestra y lo creemos ver. Su propia idea de juego macabro es un libro abierto a la hora de plasmar asesinatos y fallar en las decisiones de los que juegan en un tablero de ajedrez en el que ellos mismos son los peones; en el que el espectador se convierte en una pieza más que intenta adivinar la estrategia de cada jugador. Quizá lo que más destaque dentro de unos capítulos que en ocasiones parecen demasiado turbios -aunque sea con un fin justificado-, es la espeluznante interpretación de Mads Mikkelsen; uno de los mejores actores europeos de la actualidad. Su versión de Hannibal Lecter no tiene nada que envidiar a la de Sir A.Hopkins, más bien reinterpreta el personaje y se amolda a cada uno de sus detalles. Misterioso y distinguido, incapaz de levantar sospechas a pesar de ser un despiadado psicópata, sino más bien arropando a la gente que está a su alrededor con sus muestras de gratitud, su buen hacer y su inteligencia sin igual.


Un año hemos tenido que esperar para continuar degustando este maravilloso pastel casquería; para ver que ocurría una vez Hannibal había abierto las puertas de la mente de Will Graham. Tras dejarnos con un sabor a sangre maravilloso, aparece la segunda temporada y, lejos de defraudarnos, nos muestra que la primera temporada no era más que un aperitivo o, más bien, una preparación de ingredientes para cocinar lo que venía. A su vez, Laurence Fishburne sigue aportando un porte espectacular intentando mantener los pies del agente Jack Crawford en el suelo, mientras Hugh Dancy eleva su interpretación de Will Graham a un nuevo nivel, llevando a la serie a nuevos límites de psicodelia, tensión, fuerza y los giros inesperados en una lucha psicológica continua entre Will y Hannibal. No recuerdo ningún capítulo sin tensión gracias, en gran parte, a los actores que forman parte del reparto. Los personajes y sus relaciones comienzan a distorsionarse a mostrarse como otros desean, a caer presas de la manipulación o simplemente a desmontar aquello que se ha cargado sobre sus hombros, el contexto parece más difuso que nunca, pero cada pieza va tomando su lugar determinado en un baile tenso, oscuro y atractivo. Hannibal sigue abriendo mentes para ayudarnos a ver más allá y nosotros no podemos dejar seguirle en una mezcla de admiración y miedo que los guionistas manejan de manera convincente para embaucarnos.

Si a todo esto le sumamos una elegante puesta en escena con ciertos aires lynchianos en más de una ocasión, una fotografía cuidada al detalle (ingeniosas escenas en la cocina o el comedor), una dirección que en más de un capítulo juega con la perfección y una continua sensación de que todo va montado en un tren sin retorno al que no pusieron frenos... Sólo nos queda esperar que en la tercera temporada no se estampe contra un muro, que sepan manejar como hasta ahora este tren y que nos hagan degustar capítulos tan cuidados, regados del mejor vino tinto color sangre. Es tan escalofriante como maravillosa. Es una de las mejores series actuales, si me permiten decirlo.


Si aún no la has visto, no se a qué esperas....
BON APPÉTIT!


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