miércoles, 2 de julio de 2014

Sólo los Amantes Sobreviven

El hipnótico movimiento continuo de un vinilo enlaza la presentación de estos dos peculiares personajes. La cámara gira entorno a sus cuerpos tendidos, fundidos en sus lugares de descanso, desnaturaliza lo que está a su alrededor, los conecta en la distancia con fuerzas imperceptibles y nos aleja de los típicos mitos acerca de los vampiros. Como si pura droga audiovisual se tratara, nos transporta hacia un colocón que será difícil de bajar durante el resto de la película, creando un hilo de poesía elocuente y vistosa con una alquimia oculta que no lograremos entender en ningún punto. Ni falta que nos hace.

Eve y Adam llevan siglos entre nosotros. Inmortales, forman parte de ese grupo de seres que han marcado grandes avances en nuestra historia sin que el resto lo sepamos. Casados desde hace siglos, viven separados, pero sus almas permanecen unidas y los fuerza a volver a vivir juntos. Más que una historia de amor habitual, se trata de una historia sobre el sentido, los sentimientos y las sensaciones. Una exposición en la que se muestra la necesidad de mutación, crecimiento y desarrollo a lo largo del tiempo más que un grito a la nostalgia del mundo analógico, como pueda parecer erróneamente a simple vista.

La pasión por la música se demuestra en cada rincón y nos hace disfrutar de extravagantes producciones que determinan a Adam como un romántico oscuro que desearía una existencia efímera, mientras que describe a Eve como su fiel acompañante y razón de seguir. Ambas interpretaciones son fieles y reales, tanto Tilda Swinton como Tom Hiddleston viven sus papeles para imponer la lógica en sus acciones aunque de una fantasía se trate. Jim Jarmusch es simplemente fantástico tras las cámaras, sabe cómo manejar a sus personajes principales y cómo encontrar el equilibrio aportando razones de peso como el veterano John Hurt o la insensata Mia Wasikowska, quien aparto los momentos más ligeros del film.


Con la clásica vista tenue, lúgubre, pesimista y tétrica hacia la figura de los vampiros, pero con una personalidad propia. Son vampiros de guante de cuero blanco, elegantes. El romanticismo clásico se une a los años 70-80 y los iPhone creando un continuo estado poético de transición estática, de movimiento dentro de círculo, de pasión por el sosiego y necesidad alterar los factores. Una mezcla magnífica de creación de personajes, aplomo fílmico, sensatez narrativa y exhibición de fotografía y sonido. Cada vez que pienso en ella me gusta más y más. Volveré a verla pronto.


 






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