domingo, 17 de agosto de 2014

Under The Skin

Un inicio puramente acrobático enlaza nuestro planeta con las galaxias más lejanas, una pirueta parabólica de excitante belleza gracias, en parte, a su sabor cercano al viaje intergaláctico protagonizado por Dave en '2001: Una Odisea del Espacio'. Electrizante y magnético en la búsqueda de la perfección y la comunión de formas circulares y sonidos estridentes. Así se muestra la creación de un ser cuya aventura terrestre seguiremos atónitos durante el resto del metraje, aferrados a las formas -y con esto no me refiero únicamente a sus sinuosas caderas- de una Scarlett Johansson a la que no le aterra ningún papel, siendo más lógico en esta ocasión pensar que con su papel busca aterrarnos con un enlace entre lo celestial y dominante, y lo terrenal y desnudo de nuestros seres. Es sobrecogedora y realmente atractiva.

Si su potente puesta en escena inicial no termina de convencer, estás perdido, porque habrá ración doble. Este experimento antinatural y psicológico, firmado por un fantástico Jonathan Glazer, consigue crear un perseverante movimiento desde la apariencia estática; formando una extensa divagación entre la realidad y el sueño que envuelve todo lo aparente en un halo de terror enigmático en derredor de una figura que evoluciona junto a la película. Lo que en principio era una temible criatura preconcebido para la utilización de especímenes humanos encontrados al azar, se convierte en un estudio de personajes desarraigados y grotescos que infunden una nueva concepción de ser en la protagonista desde sus propias experiencias. La razón de esta criatura vence a la convicción infundida por sus superiores, pone en duda los ideales preconcebidos para explotar las posibilidades del ser y jugar un rol del que antes huía (al que antes cazaba), comenzando una nueva parte de la película a partir de su encontronazo con la amabilidad, al ser ayudada tras la caída, y la empatía, en el momento clave tras su encontronazo con Adam Pearson (recordándonos 'El hombre elefante' de Lynch) en el que el continuo juego entre la perversión erótica, o desagradable, de la escena crea una conmoción cinéfila de arte difícil de explicar, con un sentido puramente abstracto que busca la esencia de la imagen y la belleza más allá de lo que vemos.



Así surge su conocimiento y su razón, su nuevo ser quiere crecer y entender; el conocimiento abre sus puertas, libera su curiosidad y consigue emprender un viaje hacia el aprendizaje de su persona, canalizando la búsqueda del ser y el sentido a raíz de la experiencia como persona y ya no como criatura. Comienza así a conocer su 'yo' interior y físico, dejando una escena espectacular en la que nos enamoraremos de una Scarlett al desnudo en todos los sentidos, mientras su personaje conoce sus poderes de mujer ante el espejo. Su transformación tras la experiencia directa con la vida es la clave de una película en la que su razón de continuo ensueño transforma nuestra percepción; dejamos de juzgar para dejarnos llevar por un sendero de perfecta e intrigante serenidad.


Es un excéntrico escaparate de tensiones sin resolver, erotismo y creación. Un acierto en cada nota musical, cada plano y cada paso hacia atrás, que crea una visión sobre nuestra valoración del aprendizaje y el conocimiento adquirido, nuestra concepción del 'ser' y el individualismo, así como una reflexión sobre la naturaleza propia del hombre -siempre vacilante entre el bien y el mal-, desde la experiencia de esta criatura intergaláctica con aquellos hombres con los que se cruza para experimentar esos sentimientos tan humanos como son el odio o el amor. La ciencia-ficción vuelve la mirada "bajo nuestra piel" para hacernos partícipes en un viaje de bella confusión.

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