sábado, 18 de octubre de 2014

El Corredor del Laberinto

Esto de decir algo sobre un película puede convertirse en una ardua tarea cuando la propia película es incapaz de decirte algo a ti, cuando el único sentimiento que despierta es el de levantarte e irte de la sala, cuando la comunicación con el espectador se pierde en un laberinto que parece no tener salida y comienza a dar vueltas en círculo esperando su hora final -triunfante o no- en la que los carroñeros se llevarán los rastros que de ella queden. Rastros que, en este caso, se van en forma de dólares invertidos y recompensados por y para una nueva saga adolescente de estas que hace tiempo que huelen al rancio de una taquilla explotada por superproducciones que ni si quieran respetan el propio entretenimiento. Porque no nos vamos a engañar, la intención se huele a la legua y su gran similitud con "Los Juegos del Hambre" desde un principio delata sus intenciones como filón comercial para un espectador más bien joven al que, en más de una ocasión, parecen tratar como si no contaran más de dos neuronas al crear sin sentidos como el que plantea esta misma película.

En la medida de lo posible, otras sagas adolescentes intentan plantear ideas refrescantes o mostrar distopías que puedan llevar cierto motivo oculto, intrigante o simplemente interesante por los debates que pueda hacer surgir. En este caso no es así, la estructura de la película se basa en un mundo posapocalíptico que no busca comprensión ni significado en ningún momento, y que infecta el resto de la película hasta un final que se muestra podrido antes de que puedas llegar a verlo; un final que conoces desde el primer momento -y ya no digo desde el primer trailer- que, por supuesto, nos dará pie a esperar (o no hacerlo en mi caso) una nueva entrega de basura de este calibre. A pesar de ello, podré destacar una cosa entre tanto despropósito, Wes Ball tiene buena mano para la cámara cuando de persecuciones o movimientos rápidos se trata, como ya demostró en un corto animado llamado 'RUIN'. No digo que sea un espectáculo, pero al menos salva algún momento que nos permite continuar sin dormirnos en el intento...



Todo ello se convierte en un conjunto de errores tras otros, así como engaños al espectador que busca una acción fresca o un entretenimiento con pretensiones sanas y no puramente comerciales. No estoy en contra de este tipo de cine, es igual de necesario que un dramón de Haneke, una comedia de Allen o un telefilm de los domingos, pero sí estoy en contra de que intenten tomar el pelo al espectador, de que creen sagas marcadas por el dólar sin que éstas sean capaces de contarnos nada, estoy en contra de que pierdan incluso su propia intención de entretener y no demuestren ni un ápice  de valor para crear algo con sentido... En este caso, el sentido y el buen hacer de las cosas ha sido olvidado. Que no nos cuenten historias porque el mundo que han imaginado -por no hablar del final de la película- no tiene ni pies ni cabeza.







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