domingo, 5 de octubre de 2014

La Isla Mínima

Si Mediaset presentó unas semanas antes 'El Niño' (ver entrada), Atresmedia tiene también ha buscado dominar el panorama cinematográfico de este año durante una temporada. Este tipo de conflictos en taquilla generan un alegro panorama en nuestro cine, algo que viene de maravilla, ya que con ellos podrá ver un aumento de producciones, inversiones y, lo más esperado, un aumento de público, aunque sea simplemente por el bombardeo publicitario. Este año, por mi parte, 'La Isla Mínima' ha ganado la partida con una recreación de una España dolida y taciturna tras una época de terror y opresión. Su mirada al pasado es fiel y su estructura es definida con una contundencia aplastante, en la que el público cae presa fácil de una atmósfera cargada por el humo de engaños entre cigarros y el polvo de los coches rodando por caminos en busca de la oscuridad más profunda de los propios personajes, llegando hasta el lugar más recóndito de su propia estabilidad emocional donde se deberán enfrentar no sólo a su investigación, si no también a sus propios demonios.


Todo comienza cuando, a principios de los 80's, dos policías son enviados a un pueblo andaluz para investigar la desaparición de dos chicas. A lo que nosotros respecta, esperamos un película con una buena factura policiaca y de cine negro, pero poco a poco nos encontramos con algo más que eso, nos encontramos con 'La Isla Mínima'; una creación que se ajusta perfectamente a la definición de su género y juega con la mutación de personajes y situaciones; una película que, a su vez, pretende aturdir de manera cuidada con breves escena que bien podría  haber firmado un tal David Lynch. Dichas escenas no son sólo un conjunto de aciertos convertidos imágenes, si no que están elaboradas con una consciente intención, que llega más allá de la propia concepción visual. En ellas los colores intensos -como el rojo de la chica de la carretera- nos recuerdan en sabor a brutalidad que está destilando la película sin necesidad de mostrarlo; los ocasos mostrados en todo su esplendor demuestran que el tiempo corre en su contra, mientras la decencia huye en pos de la demencia; o las aves delicadamente escogidas nos recuerdan los fantasmas del pasado que convierten a estos detectives en lo que son.




Todo suma para sacar el máximo a una confección mínima, todo es alterado para que nada nos quede claro en ningún momento, para que el juego sea continuo y podamos ayudar a construir un puzle de confusiones y conflictos. Alberto Rodríguez sabe revalorizar su contenido gracias a una maravillosa dirección y estudio de personajes, así como a una fotografía realmente espectacular, con lo que aparece un conjunto en el que la tensión no decae ni si quiera en los abundantes planos aéreos, si no todo lo contrario, nos trasladan a una visión periférica que nos hace abarcar todo el espacio de la acción y nos ayuda a expandir sus efectos a todo su alrededor. A esto, además, debemos sumarle lo que hasta ahora ha sido la mejor actuación de Javier Gutiérrez en el cine, quien tiene como  escudero a Raúl Arévalo, un actor que se atreve con cualquier tipo de papel, disfruta de lo que hace, y la pantalla lo agradece.



Hay quien habla de ella como "El True Detective Español" y no pensemos que eso se le queda grande, simplemente no necesita comparaciones. Puede recordar en ciertos aspectos, pero la inteligencia propia que denota nos aleja de comparaciones y nos recuerda que lo que estamos viendo es un thriller puro, con textura ruda -a pesar de su apariencia elegante-, mirada penetrante y acabado excelente. Esto es CINE con mayúsculas y poco más queda por decir, salvo que estoy seguro de que 'La Isla Mínima' se ha grabado en la mente de todos y será capaz de ganar en cada visionado...



1 comentario:

  1. Querido Sr. Odisea:

    Sus palabras nos embriagan. Sentimos una grata simpatía con sus descripciones gráficas que fotografían a la perfección la trama aquí descrita. Sin duda hemos echado en falta (hablando en plural por la mente ambigua que nos acecha a cada segundo en nuestro deambulante paso por el mundo cinematográfico) algo....algo que usted y nosotros, es decir, ustedes y él, que también yo y ella no podríamos apercibir si no fuera por las recientes reuniones clandestinas multitudinarias al son de botellín (y lo que no viene en bote, también): una acaramelada pincelada de pasión gaucha acompañada del refrescante nada y todo en lo que aquellos pueden observar medio vaso, media botella y uno contempla a su trasluz la vida misma, espumosa libertad que te ata los labios al deseo sin medida.

    Nos achapata el corazón sin mesura.

    Enteramente a sus pies (que por la grandeza de sus condiciones no alcanzaríamos más allá de los mismos),

    Fernandito Mezcladito de Coca y Cubitos

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