martes, 28 de octubre de 2014

Relatos Salvajes

Se podrían decir mil y una cosas sobre esta película, o composición de relatos, pero creo estar seguro de que en esto estaremos todos de acuerdo, sin excepción alguna; no podían haber escogido un mejor nombre para esta película, han dado en el clavo, y el clavo nos torturará de remordimientos y placer cinematográfico. 'Relatos Salvajes' se convierte en poco más de cinco minutos en una de los juegos en pantalla más divertidos y perversos que podamos disfrutar actualmente. Un vuelo que cae en picado nos parece lo más brutal que podamos ver para iniciar la película pero, lejos de desviar nuestra voz de alarma, prefieren continuar escandalizándonos y provocando una extravagante sorpresa al aunar brutalidad, violencia y crueldad con un humor ácido que calará hasta los huesos y nos hará sentirnos realmente mal por reír a carcajadas de salvajadas tales como las que se cuentan en la película. Salvajadas que funcionan perfectamente como cortometrajes inconexos pero que en una película actúan como ejemplos de originalidad y descomposición de los personajes.

Aunque la verdadera conexión entre los relatos sea cuestionable, está claro que la venganza nutre la semilla que implosiona en cada uno de ellos. Ese deseo que puede crecer en nosotros tras las injusticias o las situaciones que no alcancemos a controlar se convierte en un narrador omnisciente que desata la locura en unos personajes dispuestos a desatar su ira. Lo divertido surge en el momento en que uno es consciente de que, a pesar de convertirse en relatos con personajes desfigurados y trastornados, prácticamente nada en ellos es inimaginable, si no que todo está al alcance de un razonamiento definido por la frustración y la rabia (aunque los desenlaces suelan alejarse de los razonamientos y prefieran dar rienda suelta al desenfreno). Con esto no se justifican los comportamientos, pero sí las limitaciones de la paciencia humana y la fragilidad que demuestra la línea entre la cordura y la demencia en muchas ocasiones.

 

Entretenimiento nato y precisión en la ejecución son la firma que Damián Szifrón deja al finalizar la película. Su dirección juega con planos muy logrados dentro de escenarios reducidos para aumentar la acción en historias que normalmente se sustentan en conversaciones detonantes de la histeria. A su vez, las actuaciones consiguen que los personajes se forjen y muten en cuestión de minutos, que sean creíbles y nos den sus claves para entenderlos, destacando sobre otras las historias protagonizadas por Leonardo Sbaraglia y Ricardo Darín, en las cuales las carcajadas dominaban la sala en un halo de confusión, más si cabe que en el resto de situaciones.


Todo en ella es fatalidad y genialidad, humor negro para los paladares más exquisitos, diversión obscena para quien busque reacciones retorcidas, calidad narrativa que sirve como ejemplos de serenidad y control a la hora de crear cortometrajes... Todo es una auténtica broma pesada, muchos podrían decir incluso que de mal gusto, pero nos encanta, nos divierte, nos hace buscar el nexo entre cada punto y seguido que va marcando la película, y nos recuerda que el humor tiene muchas variantes, porque la violencia si es divertida sabe mejor, ¿o es que no te gusta ninguna película de Tarantino?




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