martes, 16 de diciembre de 2014

IDA

Con apenas una hora y veinte de metraje, 'IDA' se ha convertido en un referente internacional de forma, contexto y efecto cinematográfico. Alabada por los Premios del Cine Europeo y la crítica de todos los países, queda marcada en este año como una película fuera de su época que trastorna por su clara afinidad al cine europeo de los 60, demostrando una raíces que llegan a lo más profundo del sentido de autores como Bergman y Bresson. Una joya contemporánea creada hace décadas o, al menos, envuelta en la pretenciosa perfección estética y humana de títulos de antaño. 

A punto de hacerse monja en los años 60 de una Polonia que aclamaba secretos a voces sobre una memoria que muchos intentaban borrar, Ida emprende su último viaje en busca de la verdad; en busca de la consagración de su espíritu, su fe y su pasado, a la vez que el de una nación entera. Su pequeño viaje se convierte en una máquina del tiempo, en el portal hacia aquello por lo que ella estaba en ese punto de su vida. Con apenas cuatro personajes relevantes queda definida una historia familiar y personal con pasado, presente y futuro, además de un sentimiento social amargo, triste y agónico como el que sufrió gran parte de Europa tras la Segunda Guerra Mundial


El excelente lenguaje cinematográfico creado por Pawel Pawlikowski conforma la principal marca de autoridad de la película. "No hay nada en su sitio", he llegado a escuchar en la sala en la que la proyectaban, pero es justamente lo contrario de lo que ocurre. Las proporciones son estudiadas al milímetro para crear cuadros en movimiento a partir de planos estáticos. Los personajes pueden quedar fuera de campo en muchos instantes, o relevados a un segundo plano de importancia, pero el contexto proporciona el sentido y la forma del drama, gracias a una fotografía meticulosa y una iluminación estudiada al detalle que logran hacer hablar a la propia imagen, siendo ésta más importante en casi todo el film que las propias conversaciones.


El blanco y negro y los 4:3 son imprescindibles para este excelso drama de atrevida constitución en ésta época, con aspecto de recuerdo, forma de espíritu fotográfico y reflexión de dolor ante la historia. Lo que pueda parecer desgana o cansancio para muchos, se traduce en escenas críticas de sentimiento y reflexión sobre el holocausto, las creencias o los horrores cometidos en la vida. Como era de esperar, todo conduce hacia un final amargo, creíble y drástico, a la vez que sereno y discreto, dejando una sensación opaca en el cuerpo y abriendo la puerta a la meditación en aquellos que se deleitan con ella.









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