jueves, 11 de diciembre de 2014

Magia a la Luz de la Luna

En racha desde 1982, Woody Allen llega a nuestras carteleras al menos una vez al año y dicho evento queda marcada con una divertida confusión. Siempre fuimos algo escéptico con el cine de este personaje, capaz de las mejores comedias románticas o las mayores pedantadas, de ideas descabelladas y divertidas o densos dramas, pero 'Midnight in Paris' supuso para mí un punto de inflexión y un voto de confianza hacia su manera de hacer las cosas. Con años brillantes -y otros no tanto-, Allen ha creado una montaña rusa de críticas en la última década. Desde la maravillosa 'Match Point' a la bochornosa 'Vicky, Cristina, Barcelona', pasando por una serie de altibajos en otros títulos. Parece agotar su genialidad ciertos años para salir del paso en los siguientes. Valorando este punto de vista, después de la tremenda 'Blue Jasmine' (reseña), en la que hipocresía y derroche quedaban en evidencia ante vidas de lo más normal, parecía tocar un título inferior. Y así ha sido; 'Magia a la Luz de la Luna' no parece ser un título demasiado transcendente en su filmografía.


Como película de época la ambientación es maravillosa y la banda sonora, una vez más, es una delicia embaucadora gracias a un ameno Rythm&Blues mezclado con el mejor Jazz. Estos aspectos demuestran la devoción que vive Allen por dicha época, creando una dirección que se siente realmente cómodo en ella. Aunque este no sea su estilo más habitual, ya había coqueteado con él en más de un título, siempre con un resultado artístico similar, aunque no lograra transmitir todo lo que pretendiera. Su pretensión de relato amoroso inteligente de personajes profundos aunque cómicos se pierde en conversaciones que prometen pero no cumple. Las reflexiones son creadas pero no conjugadas en la ilusoria sensación de la trama general, una trama de agradable simpleza en la que falla su terrible impresión de reciclaje.


Sus miras al cielo estrellado, la fantasía y el delicado coqueteo hacen que se olviden del humor inteligente y directo del neoyorquino, que pudiera haber dado más juego en la ilusión y el misticismo. Algo a destacar, en cambio, son las interpretaciones, las cuales pueden disfrutarse gracias a la conexión entre los protagonistas, más si cabe al descubrir que Emma Stone parece ser la nueva musa Allen (también protagonista de su próxima película, junto a Joaquin Phoenix). El film queda atrapado en sí mismo, en la nostalgia y en los fallos de escenas sin concretar que proporcionen mayor sentido al conjunto y una ligereza que no arrastre un esperado final desde las escenas iniciales. Esta vez no convence, pero no por ello dejaremos de tener fe en nuevos y -ocasionalmente- sorprendentes proyectos.

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