domingo, 1 de marzo de 2015

Birdman


Flamante triunfadora de los Oscar's en la gala del 2015 aunque aún continúa en busca del sentido que perdió al dejar fluir su disparatada ignorancia, ¿o arrogancia?. De cualquier manera, y como es habitual, la red se ha llenado de alabanzas y críticas hacia la gran triunfadora, pero una de las que más me llamó la atención fue aquella que comparaba al galardonado Alfonso Cuarón -Gravity (2013)- con A. Gonzáles Iñárritu al ser ambos Mexicanos y al tener cerca a un Batman en sus aclamadas películas; George Clooney y Michael Keaton, respectivamente. De la fama y la grandísima carrera del primero nadie tiene duda, pero ¿qué había sido de aquel al que todos conocían como el enmascarado murciélago o Beetlejuice? 'Birdman' ha supuesto el satírico -y alegórico- retorno a las pantallas del superhéroe de capa caída; la vuelta de la celebridad hollywoodiense más que del actor que había sido olvidado en la sombra de un caballero oscuro. Aunque Riggan Thomson no sea más que una ficción, los paralelismos con la realidad de muchos actores recrean una lúcida visión del estrellato hecho añicos desde la virtud de un guion escrito sin complejos, con humor y con un transfondo que dejará un gran sabor de boca.

Perseguido por su propio ego, Riggan decide tomar una última salida en su carrera dirección a Broadway. Una obra creada por y para él con la que intenta desmostrar su valía más allá de la tercera entrega del superhéroe "Birdman" décadas atrás. Como si de un sueño, o una pesadilla, se tratara todo comienza a fluir alrededor de Riggan para crear una sensación de movimiento constante a pesar de todas las divertidas trampas que el guion coloca. Del mismo modo aparece un relato vívido en el que el enlace en las conversaciones crea la ambientación perfecta para que el show no funcione en ningún punto, y el desorden organizado se convierta en nuestra atracción entre los bastidores de un teatro que parece echar el cierre antes de subir el primer telón.

  
Como si del propio Hitchcock en 'Rope' se tratara, Iñárritu comienza a enlazar extensos planos secuencia para crear un único corte de cámara en el que es espectador no tiene tiempo ni para pestañear. A diferencia de la obra Hitchcock, los nuevos métodos han dado alas al director y a su magnífico director de fotografía (Emmanuel Lubezki) para llevar este largo plano a nuevos límites y espacios, dando un amplio margen de juego a la imaginación. Sorprende a cada minuto de manera que no puedes creer lo es está ocurriendo e intentas buscar el corte -y claro que llegarás a encontrarlos-, pero esa fantasía que estás observando termina haciéndote olvidar todo y haciéndote pensar únicamente en disfrutarlo.

La dirección crea así uno de los principales incentivos para hacer de Birdman una película que perdure en el tiempo gracias a sus acrobáticos movimientos, sus delicados enlaces y su utilización de la luz y los espacios para crear una divertidísima comedia negra sobre la seducción de la fama y la corrupción del ego. Michael Keaton no deja de bailar en la cuerda floja de la locura en ningún momento de la película, dando bandazos entre el visceral trastorno psicológico, que hace mencionar a "Cisne Negro" (D. Aronofsky, 2010), y la metafórica visión del mundo artístico que proporciona su situación de estrella estrellada, como si de una historia en "Sunset Boulevard" (Billy Wilder, 1950) se tratara, o de un sol eclipsado, como cuando nos contaron "All About Eve" (Joseph L. Mankiewicz, 1950), nos hablaran.



Consciente o no de su tragicomedia personal, Keaton e Iñárritu nos transportan a un trastorno hecho genialidad cinematográfica con grandes ingredientes para convencernos, incluyendo un reparto estelar; Edward Norton y Emma Stone alcanzan el mérito de secundarios de lujo. Ácida, divertida y veloz, 'Birdman' recorre un hilo de diálogo incansable -aunque con alguna subtrama que desgasta el ritmo- que transporta la acción del escenario a la vida real, a lo mundano, para después alzar el vuelo y hacernos jugar entre realidad  y sueño, ego y amor, cordura y enfermedad. Con este ritmo al son de tambores incesantes (principal banda sonora de la película) se llega a un final excelso, con el vuelo en su punto más alto y delirante, pero con algunos interrogantes que nos harán disfrutar de la película más allá de estas dos fantásticas horas al crear nuestra propia fábula respecto al hombre pájaro; formando así parte de esta filosófica locura del ego que siempre acompañó a Ícaro.






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