viernes, 26 de junio de 2015

Jurassic World

La cinta en VHS de la primera película con la que creímos que los dinosaurios podrían ser reales de nuevo, aún sigue reluciendo en mi estantería. Cuando Steven Spielberg creó Jurassic Park condenó a muchos niños de las generaciones de los 80 y 90 a aprenderse los nombres de todas las malditas especies que en ella aparecían y consiguió que más de un reproductor de vídeo echase humo por culpa de  críos como el servidor que escribe esto. Claro está, siempre hablamos de la primera y original, porque, ¿quién se acuerda de las dos secuelas que le siguieron? De hecho, la tercera de ellas tuvo el triple de presupuesto que la primera y recaudó un tercio de aquella -datos de Wikipedia. Con esta nefasta situación de las continuaciones, esta franquicia  quedó descolgada de cualquier nuevo proyecto. Al menos durante unos años porque, todo sea dicho, en una época en la que -por desgracia- el blockbuster es lo que manda en cartelera, algo así no podía faltar.



La inclusión de Spielberg como guardaespaldas del film alentó a dar un voto de confianza a este nuevo proyecto que, en resumen, plantea la situación real en la que el mayor parque temático de la historia definitivamente hubiera abierto sus puertas al público. El mismísimo profesor John Hammond estaría entusiasmado por el resultado del parque, al igual que los fans de la película original pueden estarlo por la cantidad de easter-eggs que podemos encontrar a lo largo de la cinta, convirtiéndose en uno de los detalles más divertidos. De hecho, la posibilidad de volver a ver localizaciones que ya conocíamos,las referencias a aquellos hechos en diálogos, los cachivaches que nos divirtieron en su momento y otros aspectos, nos ayudan a aligerar la crítica que surge fácilmente ante la utilización de una historia plana, unos personajes arquetípicos que rozan extremos contra mínimos de calidad argumental y ciertos comportamientos que parecen escritos por y para el dinero; sí, como en los mejores -o no tan buenos- y más ruidosos estrenos de acción palomitera del nuevo siglo.

La pareja no podía estar más adecuada a las estructuras aburridas de un cine sin carisma. Ella -Bryce Dallas Howard- se convierte en breves en presa fácil del ojo crítico del espectador no tan fácil de convencer; personaje guiado por el dinero, la ambición y los negocios, alejada de la familia e incapaz de quitarse los tacones aunque una criatura del jurásico la persiga. Mientras tanto, Él -Chris Pratt- goza del toque de simpatía que "Guardians of the Galaxy" le proporcionó -y que nadie le quitará de encima así como así- a pesar de recrear a un buen estereotípico ex-marine gracioso, fortachón y mujeriego. A su vez, volvemos a ver a dos niños que vuelven a perderse aportando uno de los comportamientos más inútiles, un creador del parque que no escatima en gastos -ni en derrochar estupidez tras intentos de discursos humanistas-, la locura que siempre existe entorno a la utilización de cualquier cosa como desarrollo de la industria militar y -como no podía ser de otra manera- el discurso sobre la creación del hombre por encima del curso natural de las cosas. Nunca pararon de jugar a ser Dioses, y 20 años después de los macabros hechos se les ocurrió crear un nuevo dinosaurio que ni si quiera ellos eran capaces de contener.


Entre alguna broma efectiva, y alguna escena que se convierte en un chiste sin pretenderlo, la crisis llega al parque cuando el nuevo monstruo es liberado ¿accidentalmente? No, más bien de manera muy estúpida, ¿tan difícil era asegurarse mirando las grabaciones? Caso aparte; la aventura comienza, las referencias al origen de la saga se intercalan con la locura general y los ámbitos individuales de cada personaje, algunas decisiones argumentales parecen más lógicas que otras, pero en líneas generales cumple como entretenimiento de acción y grandes efectos especiales; aunque a menudo caiga en aquello de "Mucho ruido y pocas nueces", haciendo desear que no saturasen tanto la pantalla y dieran paso a esas escenas en espacios reducidos con mecanismos animatrónicos que hace 20 años tanto nos horrorizaron y enamoraron al mismo tiempo.


La película funciona como blockbuster del nuevo siglo, la taquilla lo ha demostrado, aunque de la genialidad y el espíritu de la película original sólo nos queden esos escenarios derruidos, easter-eggs, alguna escena calcada, algunos comentarios y un maravilloso (reciclaje del) tema principal de la banda sonora. Por lo demás, puede que supere en calidad a las otras secuelas, pero no va más allá de una película de monstruos al uso. Sí, película de monstruos, no Parque Jurásico. Porque de lo que Spielberg creó ha quedado intacto el recuerdo, no el espíritu; se echan de menos los detalles y nos sobra la grandilocuencia y el estruendo del cine actual; desearíamos más diversión para todas las edades y menos violencia encubierta con muertes inútiles y esperadas; el terror de escenas inquietantes y no el de persecuciones con decenas de dientes detrás... Aun así, y aunque no termine de funcionar como algo propiamente original, diferente o tan siquiera cercano a Jurassic Park, y sus aires a nueva franquicia huelan a rancio; es capaz de funcionar como obra entretenida, de desconexión, divertida -a ratos- y que puede ganar nuestro favor con sus conexiones hacia los hechos de antaño. En definitiva, hizo que pasara una noche agardable en el cine, me quedaré con eso.

 


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