martes, 30 de junio de 2015

Lost River

De joven Hércules, haciendo parada en comedias románticas y otras películas para olvidar, hasta llegar a lo que se ha convertido hoy en día; uno de los actores más adorados y odiados al mismo tiempo por crítica y público. Ryan Gosling ha llegado a ser un icono que ha demostrado ser polifacético aunque siempre muestre una misma cara (como quedó reflejado en el video de los cereales), y ahora, tras su paso como integrante de grandes orquestas interpretando buenas obras bajo la batuta de reconocidos directores, ha pensado que unirse a ellos tras las cámaras quizá no fuera una mala idea. Remarco el quizá, porque en lo que al espectador se trata, parece que no lo ha tenido muy en cuenta al crear este lago de pensamientos y recortes perdidos que no logran salir a flote. Su título 'Lost River' bien podía ser una buena referencia hacia su resultado; la pérdida del cauce natural de sucesos en pro de hechos irrelevantes, forzados e incongruentes, contado de una manera adulterada y pomposa.


En cambio, lo que da nombre a la película no es más que el propio pueblo en el que tienen lugar los hechos y su intención no es más que la de mostrar la ley marcial vivida en ese lugar y la situación desnortada de unos personajes que conoceremos, pero que no ganaran nuestra empatía. La propia desconexión de la película es provocada por lo que en principio debería ser uno de sus puntos fuertes; la narrativa visual. Influenciado por aquellos directores con los que ha trabajado y aquellos a los que admira, Gosling ha creado una película carente de fluidez narrativa a pesar de poseer potencia fotográfica que muchos otros desearían lograr o con la que muchos otros crearían un sentido más que lo propio que se reconoce fácilmente en pantalla, como ocurre en el caso.


El resultado es difícil de definir sin hacer referencia a otros directores de los que claramente ha quedado influenciado y marcado el actor -y ahora director. De su amistad con Nicolas Winding Refn (trabajaron juntos en las geniales 'Drive' y 'Only God Forgives') puede haber nacido el hilo conductor, mientras que de sus trabajos con Derek Cianfrance (quien le dirigió en 'Blue Valentine' y 'The Place Beyond the Pines') surge el toque low-cost de algunos planos y el intimista en las relaciones familiares. Pero en el compendio general podríamos definir la obra como sketches que no terminan de encajar -a pesar de compartir protagonistas- dirigidos por un Winding Refn en horas bajas, con un intento de trama que da palos de ciego hacia el cine pesadillesco y esperpéntico Lynchiano, con influencias poco refinadas de la contemplación habitual de Terrence Malick y la provocación de Gaspar Noé. Un despropósito.



Tal y como suena; como aquella vez que pensaste que, ya que las lentejas con chorizo son tu comida favorita, la pizza tu cena, el helado de menta tu postre y el vino tu bebida, sería una maravillosa idea ponerlo todo en la batidora y servirlo juntito en un único plato con un buen aceite de oliva virgen extra y un poquito de nata montada por encima para adornar. El contenido es más que cuestionable y las formas -a pesar de estar bien conseguidas gracias a una fotografía trabajada- rozan lo ridículo al carecer de un sentido propio dentro de la propia narración vacía y absurda de la película. Si Gosling consigue mantener esta calidad de fotográfica para darle una forma coherente y un sentido más allá del intento de fascinación por su propio ego, podremos hablar de su valía como director en un futuro.
 Ficha en FilmAffinity


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